Metro de Londres

El primer metro: Londres bajo tierra.

Hoy nos parece normal bajar unas escaleras y subir a un tren subterráneo para cruzar una ciudad. Pero hubo un tiempo en que el metro no existía. Alguien tuvo que imaginarlo por primera vez. Y ese lugar fue Londres.

En 1863 se inauguró el primer ferrocarril subterráneo del mundo. Aquel invento cambió para siempre la forma de moverse por las ciudades y convirtió a Londres en el campeón mundial de una idea que acabaría copiándose en casi todos los rincones del planeta.

Una ciudad atrapada por el tráfico

Durante el siglo XIX, Londres era la ciudad más grande del mundo. Sus calles estaban abarrotadas de carruajes tirados por caballos, carretas cargadas de mercancías y miles de personas que caminaban de un lado a otro.

El tráfico era tan intenso que recorrer unos pocos kilómetros podía llevar horas. Además, los caballos dejaban enormes cantidades de estiércol en las calles, lo que provocaba malos olores y problemas de higiene. La ciudad necesitaba una solución urgente.

Entonces surgió una idea que parecía completamente imposible: si ya no cabían más vehículos en la superficie… ¿Por qué no construir un ferrocarril debajo de la ciudad?

Excavar bajo Londres

Construir túneles en aquella época no era nada sencillo. No existían las gigantescas máquinas perforadoras actuales, así que miles de trabajadores excavaban la tierra con palas, picos y mucha paciencia.

Primero abrían una enorme zanja desde la superficie. Después construían el túnel con ladrillos y, finalmente, volvían a cubrirlo con tierra para reconstruir la calle encima. Así nació la primera línea del Metro de Londres.

Para muchos habitantes fue una obra increíble. Nunca antes se había construido una red ferroviaria bajo una ciudad tan grande.

¡Trenes de vapor bajo tierra!

Los primeros trenes funcionaban con locomotoras de vapor. Eso significaba que llevaban una gran caldera que quemaba carbón para producir la energía necesaria.

El problema era fácil de imaginar: aquellos trenes llenaban los túneles de humo. Las estaciones se cubrían de vapor y el aire podía resultar muy desagradable para los viajeros.

Aun así, el invento fue un éxito. La gente prefería soportar un poco de humo antes que pasar horas atrapada entre los carruajes de la superficie.

La electricidad lo cambió todo

A finales del siglo XIX apareció una nueva tecnología que revolucionó el metro: la electricidad.

Los nuevos trenes eléctricos eran mucho más rápidos, silenciosos y limpios. Ya no producían humo, lo que permitió construir líneas cada vez más profundas y transportar a millones de pasajeros de forma cómoda y segura.

Gracias a esta mejora, el metro dejó de ser una curiosidad para convertirse en una parte imprescindible de la vida diaria de Londres.

Una idea que dio la vuelta al mundo

El éxito del Metro de Londres llamó la atención de otras grandes ciudades. Poco a poco comenzaron a construirse redes subterráneas en Budapest, París, Nueva York, Berlín, Madrid, Moscú, Tokio y cientos de ciudades más.

Hoy existen metros en todos los continentes habitados y miles de millones de personas los utilizan cada año. Aunque cada ciudad tiene su propio diseño, todas comparten la misma idea que nació bajo las calles de Londres hace más de 160 años.

Un campeón mundial

El Metro de Londres pertenece a la categoría Campeón mundial porque fue el primer sistema de metro del planeta. Su construcción resolvió un enorme problema de tráfico y abrió el camino para que las grandes ciudades crecieran sin quedar paralizadas.

Cada vez que descendemos a una estación de metro, ya sea en Londres, Madrid, Ciudad de México o Tokio, estamos utilizando una idea que comenzó bajo las calles de la capital británica. Pocas innovaciones han cambiado tanto la forma en que las personas recorren el mundo.

Localización de Metro de Londres

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