El viaje de Colón
El viaje que puso América en los mapas
En el siglo XV, llegar a Asia era uno de los grandes sueños de los comerciantes europeos. Allí se encontraban las especias, la seda y otros productos muy valiosos. El problema era que el viaje era largo, caro y peligroso, porque había que rodear todo el continente africano.
Pero un navegante llamado Cristóbal Colón tenía una idea diferente. Estaba convencido de que la Tierra era redonda y pensaba que, si navegaba siempre hacia el oeste, también llegaría a Asia. Muchos creían que su plan era imposible. El océano Atlántico parecía interminable y nadie sabía qué podía esconderse al otro lado.
Aun así, Colón logró convencer a Isabel la Católica y Fernando el Católico, los reyes de Castilla y Aragón, para financiar su expedición.
Tres pequeños barcos rumbo a lo desconocido
El 3 de agosto de 1492 partieron del puerto de Palos de la Frontera tres barcos que hoy son famosos en todo el mundo: la Santa María, la Pinta y la Niña.
Antes de cruzar el Atlántico hicieron una última parada en las islas Canarias para reparar uno de los barcos y aprovechar los vientos alisios, que empujaban las velas hacia el oeste. Después solo había mar y un viaje a lo desconocido.
Pasaban los días y no aparecía tierra. Algunos marineros empezaron a pensar que nunca regresarían a casa. El miedo fue creciendo y la tripulación estuvo a punto de amotinarse. Colón les pidió unos días más.
¡Tierra!
En la madrugada del 12 de octubre de 1492, un marinero llamado Rodrigo de Triana lanzó un grito que cambiaría la historia: «¡Tierra!». La expedición había llegado a una pequeña isla de las actuales Bahamas. Sus habitantes la llamaban Guanahaní, aunque Colón la bautizó como San Salvador.
Lo curioso es que nunca supo dónde estaba realmente. Creía haber llegado a unas islas cercanas a Asia y por eso llamó indios a sus habitantes. En realidad, acababa de llegar a un continente que los europeos no conocían.
Durante las semanas siguientes exploró otras islas del Caribe, visitó Cuba y llegó a La Española, donde la Santa María encalló. Con la madera del barco construyeron un pequeño fuerte llamado La Navidad, el primer asentamiento europeo levantado durante aquel viaje.
Dos mundos se encuentran
Cuando Colón regresó a España llevó una noticia increíble: al otro lado del océano existían tierras desconocidas para los europeos.
Aquella expedición fue solo el comienzo. En los años siguientes miles de personas cruzaron el Atlántico en ambos sentidos. También lo hicieron animales, plantas, alimentos e ideas. Desde América llegaron productos que hoy usamos casi todos los días, como el tomate, la patata, el cacao, el maíz o los pimientos. Desde Europa viajaron caballos, vacas, ovejas, trigo y muchos otros cultivos.
Dos mundos que habían vivido separados durante miles de años empezaban a conocerse.
¿Cómo cambiaron los mapas?
Antes de 1492, muchos mapas europeos terminaban en el océano Atlántico. Después del viaje de Colón hubo que dibujar nuevas tierras, nuevas rutas y, con el tiempo, nuevos países.
Hoy más de 500 millones de personas hablan español como lengua materna y gran parte de América comparte idiomas, ciudades, costumbres y monumentos nacidos de aquel encuentro entre continentes.
Cristóbal Colón nunca encontró la ruta a Asia que estaba buscando. Pero descubrió algo mucho más importante. Su viaje abrió un puente entre Europa y América que cambió para siempre la forma en que las personas viajaban, comerciaban y entendían el planeta.
Por eso, más de cinco siglos después, seguimos diciendo que aquel viaje de tres pequeños barcos fue uno de los momentos que cambió los mapas del mundo.