El aislamiento japonés
Hoy Japón recibe millones de visitantes cada año. Sus ciudades están llenas de trenes de alta velocidad, rascacielos y turistas de todo el mundo. Pero durante más de 200 años, entrar en Japón fue casi imposible.
Todo comenzó en el siglo XVII. Durante las décadas anteriores, comerciantes portugueses y españoles habían llegado al archipiélago llevando productos de lugares muy lejanos. Junto con ellos también llegaron misioneros cristianos que empezaron a convertir a muchos japoneses.
Los gobernantes del país empezaron a preocuparse. Habían visto cómo algunas potencias europeas conquistaban territorios en Asia, África y América. Temían que algún día pudiera ocurrir lo mismo en Japón. Así que tomaron una decisión sorprendente.
Un país casi cerrado al mundo
En la década de 1630, el shogun Tokugawa Iemitsu aprobó una serie de leyes que cambiaron la historia del país.
- Los japoneses no podían abandonar Japón y, si lo hacían, no se les permitía regresar.
- Los barcos extranjeros tenían prohibido entrar en la mayoría de los puertos.
- Solo unos pocos comerciantes podían seguir intercambiando mercancías con Japón.
Durante más de dos siglos, el país vivió prácticamente aislado del resto del mundo.
Una única puerta
Aunque Japón cerró casi todas sus fronteras, no dejó de comerciar por completo. Los holandeses fueron una de las pocas excepciones. Solo podían comerciar desde una pequeña isla artificial llamada Dejima, situada frente al puerto de Nagasaki.
Ni siquiera podían moverse libremente por el país. Sus barcos llegaban, descargaban las mercancías y regresaban. Durante generaciones, aquella pequeña isla fue la única ventana de Japón hacia Europa.
Un país que siguió su propio camino
Mientras en muchas partes del mundo los imperios europeos conquistaban nuevos territorios, Japón siguió desarrollando su propia cultura. Florecieron los samuráis, el teatro kabuki, los jardines japoneses y las famosas estampas de madera que hoy admiramos en los museos.
El aislamiento también permitió que muchas tradiciones se conservaran durante siglos casi sin cambios. Pero el mundo seguía avanzando.
Las puertas vuelven a abrirse
En 1853, una flota estadounidense apareció frente a las costas japonesas. Sus barcos eran mucho más modernos y potentes que los que Japón había conocido. Poco después, el gobierno comprendió que ya no podía permanecer aislado para siempre.
Las fronteras comenzaron a abrirse y Japón inició una transformación extraordinaria. En apenas unas décadas construyó fábricas, ferrocarriles, puertos y una industria moderna que lo convertiría en una de las grandes potencias del mundo.
¿Cómo cambió los mapas?
Durante más de doscientos años, Japón fue una excepción. Mientras el resto del planeta estaba cada vez más conectado por rutas comerciales y exploraciones, este archipiélago decidió recorrer un camino diferente.
Cuando finalmente abrió sus puertas, el mundo ya era mucho más pequeño. Los barcos cruzaban océanos con frecuencia y el comercio unía continentes enteros.
La decisión de aislarse, y más tarde la de volver a abrirse al mundo, cambió el papel de Japón en la geografía mundial. Desde entonces, el país pasó de ser un reino casi desconocido para muchos europeos a convertirse en una de las naciones más influyentes de Asia.