Ciudad del Diablo
Las torres de piedra del diablo
Desde lejos parece que alguien hubiera convertido un ejército entero en piedra. Decenas de figuras estrechas se levantan entre las montañas del sur de Serbia. Algunas parecen personas. Otras recuerdan a torres, monstruos o gigantes encorvados. Y casi todas llevan encima una enorme piedra, como si alguien hubiera colocado cuidadosamente un sombrero sobre su cabeza. Pero no son gigantes. Tampoco son estatuas. Son 202 formaciones naturales creadas lentamente por la erosión.[1]
El lugar se llama Ciudad del Diablo —Đavolja Varoš en serbio— y se encuentra en las laderas del monte Radan, cerca de Kuršumlija. Sus figuras alcanzan hasta unos 15 metros de altura y están repartidas por dos barrancos conocidos como la Garganta del Diablo y la Garganta del Infierno.[1][2] El resultado parece tan extraño que durante siglos las personas buscaron una explicación que estuviera a la altura del paisaje.
Y así nacieron las leyendas.
Una ciudad de gigantes
Imagina que caminas por una montaña y, al doblar una curva, aparece ante ti un grupo de enormes figuras de tierra. No tienen brazos. No tienen piernas separadas. No tienen rostros. Pero algunas parecen tener cabeza y cuerpo. Y todas están agrupadas de una manera tan poco habitual que cuesta pensar que sean simplemente rocas.
Las más altas alcanzan unos 15 metros, mientras que algunas son mucho más pequeñas. Pueden medir hasta unos tres metros de ancho y tienen formas diferentes entre sí.[1] Lo más sorprendente está arriba. Sobre muchas columnas descansa una piedra de mayor tamaño, una especie de cubierta natural que protege la tierra que queda debajo. Esas piedras son precisamente una de las claves del misterio. Porque sin ellas, las figuras no existirían.
El sombrero que salva a la columna
Para entender la Ciudad del Diablo hay que imaginar una montaña formada por materiales de distinta resistencia. Algunos son relativamente blandos y pueden ser arrastrados con facilidad por el agua. Otros son más resistentes.
Durante miles de años, la lluvia cayó sobre las laderas del monte Radan. El agua comenzó a abrir pequeños canales y a llevarse partículas del suelo. Poco a poco, las partes más débiles fueron desapareciendo.[1] Pero debajo de una roca grande ocurría algo diferente. La piedra actuaba como un techo natural.
Cuando llovía, protegía parcialmente el material que estaba justo debajo. A su alrededor, la erosión continuaba eliminando el terreno más blando. Así, el suelo protegido quedaba ligeramente más alto que el resto. Con el paso del tiempo, aquella pequeña diferencia podía convertirse en una columna. Y una columna podía transformarse en una torre. Y una torre, con su piedra encima, podía acabar pareciendo un gigante.
Una escultura hecha por la lluvia
La erosión no trabaja como un escultor humano. No tiene herramientas. No hace planos. No decide qué forma quiere conseguir. Simplemente ocurre. El agua aprovecha las pequeñas diferencias de dureza del terreno. La gravedad ayuda a transportar el material cuesta abajo. El viento, el sol y los cambios de temperatura también contribuyen a modificar las superficies.[1][2]
El resultado es una colección de figuras que parecen diseñadas. Pero nadie las diseñó. Una persona puede mirar una de ellas y pensar que parece un guerrero. Otra puede ver un monstruo. Otra quizá vea una torre medieval. La naturaleza no necesita representar nada concreto para producir formas que nuestro cerebro reconoce como familiares.
¿Por qué se llama Ciudad del Diablo?
Aquí comienza la parte de la historia que la geología no puede contar. Durante generaciones, los habitantes de la zona observaron aquellas figuras y crearon historias para explicar su existencia.
Una de las leyendas más famosas cuenta que el diablo quiso engañar a los habitantes de la región. Según la versión conservada por la tradición local, preparó una misteriosa «agua del diablo» que debía hacer olvidar a las personas sus lazos familiares. Bajo sus efectos, unos novios llegaron a intentar casarse siendo hermanos.[2]
Una figura protectora de la región intentó impedir aquella boda. Y cuando todo parecía perdido, pidió ayuda divina. Entonces ocurrió algo extraordinario: un viento frío y un acontecimiento sobrenatural convirtieron a los novios y a todos los invitados en piedra. Así, las figuras que hoy vemos serían los restos de aquella boda imposible.[2]
Existe otra historia. Según esta tradición, algunas de las figuras serían demonios convertidos en piedra. La gente habría sufrido durante mucho tiempo sus acciones y consiguió liberarse de ellos pasando una noche cerca de la iglesia de Santa Petka.[2]
Pero los gigantes siguen cambiando
Aquí aparece una de las cosas más sorprendentes. Las figuras no están terminadas. La erosión que las creó continúa actuando. La lluvia sigue cayendo. El agua sigue llevándose pequeñas cantidades de material. El viento sigue golpeando las superficies. Y las piedras que coronan las columnas continúan protegiendo algunas zonas mientras otras quedan expuestas.
Por eso unas figuras pueden cambiar de forma, otras hacerse más estrechas y algunas terminar desapareciendo cuando pierden su protección.[1] Al mismo tiempo, la erosión puede comenzar a formar nuevas columnas en otros lugares.
Es como contemplar una escultura que el artista sigue modificando. Solo que el artista es el clima. Y trabaja a una velocidad tan lenta que una persona apenas puede notar el cambio.
Una montaña llena de colores
La Ciudad del Diablo tampoco parece extraña solamente por sus formas. El paisaje tiene diferentes colores y texturas. Las columnas pueden mostrar tonos rojizos, amarillentos, grises y marrones. Entre ellas aparecen las rocas, el suelo y la vegetación del monte Radan.
Además, en la zona existen fuentes con características muy particulares. Una de ellas recibe el nombre de Agua del Diablo y contiene una concentración elevada de minerales. Cerca se encuentra el Manantial Rojo, cuyo color está relacionado con la presencia de hierro.[2]
Un paisaje protegido
La Ciudad del Diablo forma parte de los monumentos naturales protegidos de Serbia y ha sido incluida por el país en su Lista Indicativa de Patrimonio Mundial de la UNESCO.[1] La propuesta de UNESCO destaca precisamente su importancia como ejemplo de erosión: más de 200 torres y pirámides de tierra formadas por el agua, muchas de ellas protegidas por bloques de roca.[1] El número oficial que suele utilizarse actualmente es 202 figuras.
De otro planeta
Ciudad del Diablo encaja perfectamente en la categoría De otro planeta porque, durante unos minutos, puede hacer que olvidemos dónde estamos. Parece una ciudad habitada por gigantes. Parece un ejército petrificado. Parece una obra de arte abandonada en mitad de una montaña.
Pero debajo de toda esa apariencia fantástica, las columnas no fueron talladas, las leyendas no las crearon y los gigantes nunca estuvieron allí. Solo hicieron falta agua, roca, tierra y muchísimo tiempo.
Quizá por eso este lugar resulte tan extraordinario. Porque cuando finalmente descubrimos cómo nació el misterio, la realidad resulta todavía más sorprendente que la leyenda.
Fuentes:
- UNESCO — Ciudad del Diablo, formación geológica, erosión, dimensiones y propuesta de Patrimonio Mundial — https://whc.unesco.org/en/tentativelists/1700
- Organización de Turismo de Serbia — Ciudad del Diablo, leyendas, fuentes y características de las formaciones — https://www.serbia.travel/es/stories-items/ciudad-del-diablo-leyenda-y-maravilla-natural/
- Organización de Turismo de Serbia — Monumentos naturales de Serbia y Ciudad del Diablo — https://www.serbia.travel/es/nature/walking-in-natural-parks/natural-monuments/
- Organización de Turismo de Serbia — Información general sobre las 202 figuras y sus leyendas — https://www.serbia.travel/en/devils-town/