Iguazú

El rugido del agua que conquistó la selva.

En la frontera entre Argentina y Brasil existe un lugar donde el agua parece no tener fin. Allí, cientos de cascadas caen al mismo tiempo entre una exuberante selva tropical, levantando nubes de vapor que pueden verse desde kilómetros de distancia. Son las Cataratas de Iguazú, uno de los mayores espectáculos naturales del planeta y un auténtico tesoro que la naturaleza ha tardado millones de años en crear.

Quien las contempla por primera vez suele hacerse la misma pregunta: ¿cómo puede existir un lugar donde caiga tanta agua al mismo tiempo? El estruendo es tan intenso que, en algunos puntos, casi no se puede hablar. Solo queda observar cómo la fuerza de la naturaleza se despliega ante nuestros ojos.

Un río que se rompe en cientos de cascadas

Las cataratas se encuentran sobre el río Iguazú, poco antes de que este desemboque en el río Paraná. En lugar de caer por un único salto, el agua se divide en cerca de 275 cascadas repartidas a lo largo de casi tres kilómetros.

El paisaje cambia constantemente. Algunas cascadas son estrechas y delicadas, mientras que otras forman enormes cortinas de agua que se precipitan desde más de 80 metros de altura. Entre ellas aparecen pequeñas islas cubiertas de vegetación, senderos naturales y pasarelas que permiten acercarse hasta sentir la fuerza del agua.

La más impresionante de todas es la Garganta del Diablo, una gigantesca herradura donde el río parece desaparecer en un abismo cubierto por una inmensa nube de vapor.

La selva que rodea las cataratas

Las Cataratas de Iguazú no son solo agua. Forman parte de una de las últimas grandes selvas del sur de América, un ecosistema extraordinariamente rico donde viven miles de especies de plantas y animales.

Entre los árboles habitan tucanes de enormes picos, coloridas mariposas, monos capuchinos, coatíes y, en las zonas más tranquilas, incluso el esquivo jaguar, el mayor felino del continente americano.

La humedad constante creada por las cataratas favorece el crecimiento de helechos gigantes, orquídeas, lianas y árboles que convierten la selva en un auténtico bosque tropical lleno de vida.

Un paisaje que nunca deja de cambiar

Las cataratas ofrecen un espectáculo diferente cada día. Cuando el caudal del río aumenta después de las lluvias, el volumen de agua puede multiplicarse varias veces, haciendo que el rugido sea todavía más intenso.

En los días soleados, las diminutas gotas suspendidas en el aire forman arcoíris casi permanentes sobre las cascadas. Al amanecer, la niebla cubre parte del paisaje, mientras que al atardecer la luz tiñe el agua de tonos dorados y anaranjados.

Es un escenario en constante movimiento donde nunca se contempla exactamente la misma imagen.

Un tesoro para todo el planeta

Las Cataratas de Iguazú fueron declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y también forman parte de las Nuevas Siete Maravillas Naturales del Mundo. Tanto Argentina como Brasil protegen este entorno mediante parques nacionales que conservan uno de los ecosistemas más valiosos de Sudamérica.

Gracias a esa protección, millones de personas pueden admirar este paisaje sin poner en peligro la extraordinaria biodiversidad que alberga.

Un tesoro natural

Las Cataratas de Iguazú pertenecen a la categoría Tesoro natural porque reúnen todo aquello que hace único a un gran paisaje: una fuerza impresionante, una biodiversidad excepcional y una belleza capaz de dejar sin palabras a cualquiera.

El estruendo del agua, la inmensidad de la selva y la vida que florece a su alrededor convierten este rincón de Sudamérica en uno de los lugares más extraordinarios de la Tierra. Iguazú no es solo un conjunto de cascadas; es una demostración de la inmensa energía y creatividad de la naturaleza.

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