Churchill
La ciudad donde los osos polares esperan al invierno
Imagina salir de casa y mirar hacia la calle. Y encontrar un oso polar. No en un zoo. No detrás de una valla. Un enorme oso polar caminando cerca o en tu ciudad. Esto ocurre en Churchill, una pequeña comunidad situada junto a la bahía de Hudson, en el norte de Canadá.
Cada otoño, cuando llega el frío, decenas de osos polares se concentran en los alrededores de la localidad. Y todos están esperando lo mismo: que el mar vuelva a congelarse.
Una ciudad en el camino de los osos
Churchill está situada en un lugar muy especial. La bahía de Hudson permanece cubierta de hielo durante buena parte del invierno, pero durante los meses más cálidos el hielo desaparece.
Los osos polares dependen de ese hielo para cazar focas. Cuando llega el verano, tienen que pasar meses en tierra, sobreviviendo con las reservas de grasa que acumularon anteriormente. Pero cuando las temperaturas empiezan a bajar, saben que se acerca el momento de regresar al hielo. Y muchos de ellos se concentran cerca de Churchill.
Esperando al hielo
Los osos no llegan hasta Churchill porque quieran visitar la ciudad. Están esperando. Esperan a que la bahía vuelva a congelarse lo suficiente para poder desplazarse sobre el hielo y comenzar a cazar de nuevo.
Por eso el otoño es una época especialmente curiosa en Churchill. Los osos aparecen alrededor de la comunidad mientras esperan que llegue el invierno. Es como si una enorme sala de espera estuviera situada justo al lado de la ciudad. Solo que los habitantes de esa sala de espera pesan cientos de kilos y tienen enormes garras.
¿Por qué no se acercan a ellos?
Los osos polares son animales salvajes y pueden ser peligrosos. Por eso en Churchill las personas han aprendido a tomar muchas precauciones. No es buena idea caminar tranquilamente por los alrededores de la ciudad sin prestar atención. Los habitantes saben que los osos pueden aparecer en lugares inesperados y existen medidas especiales para evitar encuentros peligrosos. Durante la temporada de osos se realizan patrullas y se vigilan las zonas cercanas a la población.
Una ciudad preparada
Churchill ha desarrollado sistemas para intentar mantener a las personas y a los osos separados.
Las autoridades pueden utilizar vehículos para patrullar los alrededores y existen métodos para ahuyentar a los animales cuando se acercan demasiado. También hay instalaciones especiales para los osos que necesitan ser retirados de la zona.
La idea es sencilla: proteger a las personas sin tener que matar al animal. La convivencia requiere conocer el comportamiento de los osos y respetar que Churchill está dentro de su territorio.
Una puerta hacia el Ártico
Los osos polares han convertido Churchill en uno de los lugares más conocidos del mundo para observarlos. Durante el otoño, visitantes de muchos países llegan hasta esta pequeña comunidad para ver a los animales desde vehículos especialmente preparados.
Desde allí pueden contemplar cómo los osos esperan pacientemente junto a la bahía. Algunos descansan. Otros caminan. Y algunos parecen explorar el paisaje en busca de comida.
Pero todos esperan que llegue el momento de volver al hielo.
Una ciudad imposible
Churchill pertenece a la categoría Ciudad imposible porque cuesta imaginar una localidad donde uno de los mayores depredadores terrestres del planeta pueda aparecer literalmente en sus alrededores.
Aquí, los turistas no son los únicos que llegan de visita. Son los osos los que aparecen cada otoño. Y cuando lo hacen, la ciudad sabe que el invierno se acerca.
Churchill es una ciudad donde, durante unas semanas cada año, los osos polares se reúnen alrededor del pueblo para esperar que el mar se congele y su mundo vuelva a convertirse en hielo.