Jerusalén

La ciudad de las tres religiones

Imagina una ciudad tan pequeña que puedes atravesarla a pie en poco tiempo y, sin embargo, encontrar dentro de sus murallas algunos de los lugares más importantes de tres grandes religiones. En la Ciudad Vieja de Jerusalén, un espacio de apenas aproximadamente 1 km², se concentran unos 220 monumentos históricos.[1] Sus calles estrechas, sus escaleras y sus antiguas murallas esconden una historia de miles de años.

Pero lo más extraordinario no es solamente la cantidad de historia acumulada. Es la proximidad. En unos pocos cientos de metros aparecen lugares sagrados para el judaísmo, el cristianismo y el islam. El Muro Occidental, la Iglesia del Santo Sepulcro y el recinto de la Explanada de las Mezquitas —Haram al-Sharif— forman parte de un paisaje urbano extraordinariamente compacto.[1][2]

Una ciudad construida entre colinas

Antes de mirar sus edificios hay que mirar el suelo. Jerusalén no nació sobre una llanura cómoda. La ciudad histórica se desarrolló entre colinas y valles, en las montañas de Judea. El relieve condicionó dónde podían construirse las casas, por dónde podían pasar las calles y cómo se podía defender la ciudad.[3]

Al este se encuentra el valle del Cedrón. Al sur y suroeste se extiende el valle de Hinón. Entre ellos se levantaron diferentes sectores de la antigua Jerusalén.[3] Los valles tenían una función defensiva. Una ciudad situada sobre elevaciones y rodeada parcialmente por depresiones naturales era más difícil de atacar que una población construida en terreno completamente llano.

Pero había un problema básico para la vida: el agua.

La fuente que hizo posible la ciudad

En una ciudad antigua, tener agua cerca podía ser la diferencia entre sobrevivir o desaparecer. Jerusalén contaba con la fuente de Guijón, situada en la zona de la antigua Ciudad de David. Durante generaciones se construyeron canales, túneles, depósitos y sistemas para aprovechar y conducir su agua.[3]

Uno de los ejemplos más famosos es el túnel de Ezequías, excavado en la roca para llevar agua desde la fuente hasta una zona protegida de la ciudad. La solución era ingeniosa: en lugar de esperar que el agua llegara hasta las casas, los habitantes modificaron la montaña para llevarla hacia donde la necesitaban. La geografía había creado el problema. La ingeniería encontró la respuesta.

Jerusalén y el antiguo reino de Israel

La historia de Jerusalén es muy anterior a las grandes religiones tal como hoy las conocemos. La ciudad ya existía muchos siglos antes. Durante la Edad del Hierro se convirtió en un centro importante y, según la tradición bíblica, fue conquistada por el rey David, que la convirtió en capital. Su hijo Salomón está asociado con la construcción del Primer Templo.[4] El Templo convirtió Jerusalén en el centro religioso del antiguo reino de Judá.

Con el paso del tiempo, la ciudad sufrió conquistas y destrucciones. El Primer Templo fue destruido por los babilonios en el siglo VI a. C. Más tarde se construyó un Segundo Templo, que fue ampliado enormemente durante el reinado de Herodes el Grande.[5] De aquella época procede buena parte de la importancia arqueológica del área que hoy conocemos como la Ciudad Vieja.

Un lugar sagrado para el judaísmo

Para el judaísmo, Jerusalén ocupa un lugar central. El Monte del Templo, conocido también como Har HaBayit, está relacionado con los antiguos templos judíos. En sus alrededores se encuentra el Muro Occidental, uno de los lugares de oración más importantes del judaísmo.[2] El muro no es simplemente una pared antigua aislada. Es parte de las estructuras de contención asociadas al enorme recinto construido y ampliado durante el periodo de Herodes.

Durante siglos, diferentes comunidades judías han mantenido una relación especial con Jerusalén, sus lugares sagrados y el recuerdo del antiguo Templo. Caminar por las calles de la Ciudad Vieja significa, por tanto, caminar sobre capas de historia que se remontan a la Antigüedad.

Después llegó el cristianismo

Para los cristianos, Jerusalén está vinculada directamente con los últimos acontecimientos de la vida de Jesús. La ciudad aparece en los Evangelios como escenario de su entrada, su condena y su crucifixión. También está asociada a las tradiciones sobre su resurrección.

El lugar más importante es la Iglesia del Santo Sepulcro, construida sobre un espacio que la tradición cristiana identifica con el lugar de la crucifixión y la sepultura de Jesús.[1][2] El edificio actual reúne espacios utilizados por diferentes comunidades cristianas y es uno de los grandes destinos de peregrinación del mundo.

Dentro de sus muros hay capillas, escaleras, columnas, mosaicos y rincones que han sido modificados durante siglos. No parece un monumento construido en un único momento. Parece una historia arquitectónica acumulada piedra sobre piedra.

Y también es sagrada para el islam

El mismo paisaje adquiere otra dimensión en el islam. En el recinto situado sobre el antiguo Monte del Templo se encuentra Haram al-Sharif, donde están la Cúpula de la Roca y la mezquita de Al-Aqsa.[2] La Cúpula de la Roca fue construida en el siglo VII y es uno de los edificios más reconocibles de Jerusalén. Su gran cúpula dorada destaca sobre las casas y murallas de la Ciudad Vieja.[1]

Para el islam, Jerusalén es una ciudad sagrada y Al-Aqsa está asociada a la tradición del Viaje Nocturno y la Ascensión de Mahoma.[2] Así, un mismo espacio urbano concentra lugares fundamentales de tres tradiciones religiosas.

Y ahí aparece la verdadera rareza de Jerusalén.

Una distancia sorprendentemente pequeña

Imagina comenzar una caminata junto al Muro Occidental. Avanzas por calles estrechas, subes unas escaleras, pasas junto a tiendas, casas y antiguas piedras y en muy poco tiempo puedes encontrarte cerca de la Iglesia del Santo Sepulcro. Después, otra caminata corta te lleva hacia el entorno del recinto sagrado musulmán. Los lugares sagrados de tres religiones están concentrados dentro de un espacio urbano diminuto.

UNESCO destaca precisamente esta característica: las tradiciones judía, cristiana y musulmana comparten espacio y se entrelazan de una manera especialmente intensa en Jerusalén.[2] No hay otro lugar en el mundo donde la geografía religiosa esté tan comprimida.

Cuatro barrios dentro de las murallas

La Ciudad Vieja suele dividirse en cuatro barrios históricos: judío, cristiano, musulmán y armenio.[6]

Pero sería un error imaginar cuatro ciudades completamente separadas. Las calles se cruzan, los edificios se superponen y las historias se mezclan. Hay mercados musulmanes cerca de lugares cristianos. Hay edificios judíos junto a estructuras de otras épocas. Hay iglesias armenias, sinagogas, mezquitas y santuarios dentro del mismo laberinto urbano.

Las murallas que vemos hoy

Las murallas actuales de la Ciudad Vieja no son las mismas que rodeaban Jerusalén en tiempos de David o de Jesús. Gran parte de las murallas que vemos hoy corresponden a la época otomana. Fueron construidas en el siglo XVI durante el gobierno del sultán Solimán el Magnífico.[3] Sus puertas permitían controlar el acceso a la ciudad. Entre ellas se encuentran la Puerta de Jaffa, la Puerta de Damasco, la Puerta de Sión y otras entradas históricas.

Una ciudad que creció hacia fuera

Jerusalén no se quedó encerrada dentro de sus murallas. Durante los últimos siglos, la ciudad se extendió por las colinas que la rodean. Aparecieron nuevos barrios, carreteras, edificios públicos y zonas residenciales.

Pero la Ciudad Vieja conserva una escala completamente diferente. Sus calles son estrechas. Muchas siguen recorridos condicionados por la topografía antigua. Las casas están construidas unas junto a otras. En determinados puntos, los edificios parecen apoyarse sobre capas de construcciones mucho más antiguas.

Un lugar donde la historia sigue siendo presente

Jerusalén no es únicamente un museo. Es una ciudad viva. Personas viven, trabajan, rezan, estudian y comercian dentro y alrededor de la Ciudad Vieja. Peregrinos llegan desde lugares muy diferentes del mundo. Los sonidos cambian de una calle a otra: conversaciones, campanas, llamadas a la oración, pasos, vendedores y grupos de visitantes. Esa mezcla forma parte de su identidad.

Pero Jerusalén también es una ciudad profundamente disputada, y su historia moderna está vinculada al conflicto entre israelíes y palestinos. Su estatus político y territorial sigue siendo objeto de desacuerdo internacional.[7]

UNESCO inscribió la Ciudad Vieja y sus murallas en la Lista del Patrimonio Mundial en 1981 y la mantiene además en la Lista del Patrimonio Mundial en Peligro desde 1982.[1][8] Por eso conservar sus monumentos no es solamente proteger piedras antiguas. También significa preservar un patrimonio que distintas comunidades consideran fundamental para su propia historia.

Un estatus que sigue disputado

Jerusalén es sagrada para el judaísmo, el cristianismo y el islam, pero también está en el centro del conflicto entre israelíes y palestinos. Israel tomó el control de Jerusalén Este, donde se encuentra la Ciudad Vieja, en 1967; hoy gobierna toda la ciudad y la considera su capital. Los palestinos reclaman Jerusalén Este como capital de su futuro Estado. La ONU considera Jerusalén Este territorio ocupado y la mayoría de los países no reconoce la soberanía israelí sobre esa parte de la ciudad, aunque algunos, como Estados Unidos, sí reconocen Jerusalén como capital de Israel.[9][10]

Por eso, un mapa de Jerusalén puede mostrar cosas distintas: la ciudad, sus lugares sagrados o las posiciones políticas sobre su estatus. Contar su historia y su patrimonio no significa decidir quién tiene razón en una disputa que sigue abierta.

Ciudad imposible

Jerusalén encaja en Ciudad imposible por una combinación que parece difícil de imaginar. Es una ciudad construida entre colinas y valles, alrededor de una fuente de agua que ayudó a hacer posible su desarrollo. Bajo sus calles existen restos de diferentes épocas. Sobre sus piedras se superponen miles de años de historia. Y, en apenas un kilómetro cuadrado, se concentra una extraordinaria colección de lugares sagrados para tres grandes religiones.[1]

Puedes caminar por una calle estrecha y estar junto a un lugar sagrado para el judaísmo. Unos minutos después, llegar a uno de los grandes santuarios del cristianismo. Y poco después encontrarte ante el corazón de uno de los espacios más importantes del islam. Una ciudad diminuta. Tres grandes tradiciones religiosas. Miles de años de historia. Todo entre las mismas colinas, las mismas murallas y las mismas calles.

Esa es Jerusalén: una ciudad en la que el mapa parece demasiado pequeño para contener todo lo que significa.

Fuentes:

1. UNESCO, Ciudad vieja de Jerusalén y sus murallas: 220 monumentos históricos, aproximadamente 1 km², valor religioso y estado de conservación — https://whc.unesco.org/en/list/148
2. UNESCO, relación entre los lugares sagrados del judaísmo, cristianismo e islam en Jerusalén — https://whc.unesco.org/en/news/1568
3. UNESCO, geografía de Jerusalén, valles del Cedrón y Hinón, fuente de Guijón y desarrollo histórico de la ciudad — https://whc.unesco.org/en/tentativelists/1483
4. UNESCO, importancia histórica de Jerusalén y sus monumentos vinculados a los periodos del Templo — https://whc.unesco.org/en/tentativelists/1483
5. UNESCO, Monte del Templo y contexto histórico de la Ciudad Vieja — https://whc.unesco.org/en/list/148
6. UNESCO, organización histórica de la Ciudad Vieja y sus comunidades — https://whc.unesco.org/en/list/148
7. UNESCO, contexto contemporáneo y cuestiones relacionadas con el patrimonio de la Ciudad Vieja — https://whc.unesco.org/en/list/148/documents/
8. UNESCO, permanencia de la Ciudad Vieja de Jerusalén en la Lista del Patrimonio Mundial en Peligro — https://whc.unesco.org/en/decisions/8705
9. Naciones Unidas — Cuestiones relativas al estatus permanente de Jerusalén: https://www.un.org/unispal/permanent-status-issues/
10. UNESCO — Ciudad Vieja de Jerusalén y sus murallas; decisiones sobre su patrimonio y estatus: https://whc.unesco.org/en/decisions/8705

Jerusalén: paises

Israel

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Bandera de Israel

Continente:
Asia

SuperGeoKid estudia los Estados miembros de la ONU, por lo que no hay ficha de: Palestina. Esto no implica ninguna posición sobre su estatus.

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