Jericó
La primera ciudad amurallada
Hace unos 10.500 años, cuando muchas comunidades humanas todavía se desplazaban para encontrar alimento, un lugar del valle del Jordán ya atraía a las personas. Allí había agua, tierra fértil y posibilidades de vivir en comunidad. Con el tiempo, sus habitantes levantaron casas, construyeron una enorme torre de piedra y protegieron el asentamiento con una muralla y un foso.[1]
Ese lugar es Jericó, una de las localidades más antiguas de la historia humana y la ciudad amurallada más antigua. Sus restos más extraordinarios se conservan en un yacimiento arqueológico llamado Tell es-Sultan, donde las capas de tierra guardan las huellas de miles de años de vida. La historia de Jericó comienza mucho antes de los reyes, los ejércitos y las grandes ciudades de piedra.
Un oasis en medio del valle
Jericó se encuentra en el valle del Jordán, cerca del río Jordán y al noroeste del mar Muerto. El paisaje es cálido y seco, pero existe un recurso capaz de transformar por completo el entorno: el agua dulce. Junto al yacimiento de Tell es-Sultan brota el manantial de Ain es-Sultan, una fuente que ha abastecido a las comunidades de la zona durante milenios.[1]
Imagina lo que significaba encontrar agua fiable en una región donde las lluvias podían ser escasas. Permitía beber, cuidar animales, cultivar plantas y permanecer en un mismo lugar durante más tiempo. El agua también hacía posible algo decisivo: organizar una comunidad que no tuviera que desplazarse constantemente para sobrevivir. Alrededor del manantial, las personas encontraron condiciones favorables para establecerse. Con los años, aquel lugar se convirtió en un asentamiento cada vez más importante.
Jericó demuestra que la geografía puede influir profundamente en la historia: una fuente de agua puede ayudar a que nazca una ciudad.
Un montículo lleno de tiempo
El nombre arqueológico Tell es-Sultan describe una característica del propio yacimiento. Un tell es un montículo formado cuando las personas construyen, reparan, abandonan y vuelven a levantar edificios en el mismo lugar durante muchas generaciones.
Las casas antiguas se derrumban. Sus restos quedan cubiertos de tierra. Después llegan otras personas y construyen encima. Poco a poco, el asentamiento va acumulando capas, como si cada generación añadiera una página a un libro gigantesco.
En Tell es-Sultan se han identificado 29 fases de ocupación, que permiten investigar distintas etapas de la vida humana, desde el Neolítico hasta la Edad del Bronce.[1] Por eso, excavar allí es mucho más que desenterrar objetos. Cada capa puede revelar cómo eran las viviendas, qué comía la gente, qué herramientas utilizaba y cómo cambiaban sus costumbres. La tierra se convierte en un archivo. Y cada hallazgo ayuda a reconstruir una parte de la historia.
Cuando las personas dejaron de moverse tanto
Hace más de 10.000 años, muchas comunidades humanas vivían de la caza, la pesca y la recolección de plantas silvestres. Poco a poco, en diferentes regiones del mundo, algunas comenzaron a cultivar alimentos, cuidar animales y establecerse durante largos periodos en un mismo lugar. Este cambio se conoce como Neolítico.
En Jericó, durante los milenios IX y VIII antes de nuestra era, ya existía un asentamiento permanente de tamaño considerable.[1] Sus habitantes no tenían grúas, camiones ni herramientas eléctricas. Trabajaban con piedra, madera y otros materiales disponibles en su entorno. Para levantar grandes construcciones necesitaban planificación, esfuerzo colectivo y conocimientos transmitidos de una generación a otra.
Vivir juntos ofrecía ventajas, pero también planteaba nuevos retos. Había que organizar los espacios, conseguir alimentos, cuidar las reservas y mantener las construcciones. Una comunidad estable podía acumular conocimientos y desarrollar nuevas formas de colaboración.
Jericó es una ventana a ese momento decisivo en el que vivir en un lugar dejó de ser solo una parada temporal y se convirtió en una forma de organizar la vida.
La muralla que cambió la historia
Uno de los descubrimientos más sorprendentes de Tell es-Sultan es una antigua muralla de piedra asociada al asentamiento neolítico. Junto a ella había un foso y una torre monumental. Estas construcciones se remontan al IX-VIII milenio antes de nuestra era y muestran que sus habitantes podían realizar obras que exigían una gran cantidad de trabajo organizado.[1]
La torre es especialmente impresionante. Tiene unos 8,5 metros de altura y un interior con una escalera de piedra que asciende por su estructura.[2] Piensa en lo que significaba levantarla sin maquinaria moderna: había que seleccionar y transportar piedras, colocarlas con cuidado y construir una estructura que resistiera el paso del tiempo.
Pero ¿para qué servían la muralla y la torre? Los arqueólogos han debatido su función. La muralla pudo servir para proteger el asentamiento, aunque también se ha planteado que ayudara a controlar las inundaciones. La torre pudo tener una función defensiva, comunitaria o simbólica.[1][2]
No conocemos con certeza todas las respuestas. Y eso hace que el lugar sea todavía más interesante: las piedras han sobrevivido, pero las intenciones de quienes las colocaron siguen siendo objeto de investigación.
Una torre antes de los grandes imperios
Cuando pensamos en las primeras ciudades, a menudo imaginamos palacios, templos, reyes y ejércitos. Pero la torre de Jericó es mucho más antigua que muchas de las civilizaciones que después construirían enormes monumentos en Mesopotamia y Egipto. Sus habitantes vivieron miles de años antes de las pirámides de Guiza y mucho antes de que los grandes imperios del antiguo Oriente Próximo dominaran la región.
La torre no era un rascacielos, pero sí una construcción monumental para su época. Su tamaño demuestra que aquella comunidad podía reunir personas para realizar una obra que iba mucho más allá de las necesidades de una sola familia. Aunque no podamos conocer todos sus propósitos, su existencia plantea una pregunta fascinante: ¿qué llevó a una comunidad tan antigua a construir algo tan grande?
Mucho más que una muralla
La historia de Jericó no terminó con aquella primera construcción. Durante la Edad del Bronce, el asentamiento volvió a desarrollarse como una ciudad cananea importante. Los restos arqueológicos revelan nuevas técnicas de construcción, espacios urbanos organizados y sistemas de fortificación más elaborados.[1] Las murallas de épocas posteriores muestran cómo las comunidades fueron adaptando sus construcciones a nuevas necesidades y conocimientos.
También se han encontrado cráneos tratados y enterrados de manera especial, además de estatuas que ayudan a estudiar las prácticas rituales de las poblaciones neolíticas.[1] Estos hallazgos recuerdan que las personas de Jericó no solo buscaban agua y alimento. También tenían creencias, costumbres y maneras propias de relacionarse con sus muertos.
¿Es la Jericó de hoy la misma ciudad?
El nombre Jericó aparece en textos religiosos y relatos históricos, pero es importante distinguir entre la ciudad actual y el yacimiento arqueológico de Tell es-Sultan.
Tell es-Sultan conserva las huellas de las comunidades antiguas que vivieron en este lugar. La ciudad de Jericó se extiende en sus proximidades, en el mismo valle donde el agua y las condiciones del terreno favorecieron la vida humana durante miles de años.[1][3]
Jericó también es conocida por el relato bíblico de sus murallas, pero los restos neolíticos del yacimiento pertenecen a una época muchísimo más antigua que los acontecimientos que suele describir ese relato.
Una de las historias más antiguas del mundo
En 2023, el sitio arqueológico de la antigua Jericó, Tell es-Sultan, fue inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO.[1] La inscripción reconoce la importancia del yacimiento para comprender dos grandes transformaciones: el paso hacia comunidades sedentarias durante el Neolítico y el desarrollo de las primeras ciudades en la Edad del Bronce.
La UNESCO lo incluyó en la Lista del Patrimonio Mundial como sitio del «Estado de Palestina», y por eso lo situamos en Palestina.[1] Israel, que no reconoce un Estado palestino, criticó esa decisión. SuperGeoKid no va a tener ficha de Palestina, ya que utiliza la lista de miembros de la ONU como base. Pero puedes saber más sobre ella en nuestro artículo sobre Palestina.
La primera ciudad amurallada
Jericó es un campeón mundial porque sus restos muestran algo extraordinario: hace miles de años, una comunidad ya era capaz de construir una muralla, abrir un foso y levantar una torre monumental; hace miles de años pudieron construir la primera ciudad amurallada. Aquellas personas no disponían de las herramientas actuales, pero tenían conocimientos, organización y capacidad para trabajar juntas.
El manantial explica por qué el lugar resultaba atractivo. Las capas arqueológicas cuentan cómo fue cambiando. Y la torre y la muralla muestran hasta dónde podía llegar la colaboración humana en una época remota.
Jericó nos recuerda que las ciudades no nacieron de repente: crecieron poco a poco, alrededor del agua, el trabajo compartido y la necesidad de vivir en comunidad. Y en Tell es-Sultan, parte de esa historia sigue escrita en piedra.
Fuentes
- UNESCO — Antigua Jericó / Tell es-Sultan: historia, fases de ocupación, fortificaciones y Patrimonio Mundial. https://whc.unesco.org/en/list/1687
- UNESCO — Documentación de la candidatura de Jericó y descripción de sus fortificaciones neolíticas. https://whc.unesco.org/document/198046
- UNESCO — Información sobre la localización y el contexto arqueológico de Tell es-Sultan. https://www.unesco.org/en/articles/international-symposium-conservation-and-management-tell-es-sultan-jericho
- UNESCO — Proyecto de protección y conservación del yacimiento arqueológico de Tell es-Sultan. https://www.unesco.org/en/articles/international-design-competition-protective-shelter-tell-es-sultan-ancient-jericho-state-palestine