Hidra

La isla donde los coches desaparecieron de las calles

Imagina llegar a una isla griega y descubrir algo extraño: no hay coches ni motocicletas circulando por sus calles. No escuchas motores acelerando ni ves vehículos buscando aparcamiento. En su lugar, encuentras escaleras de piedra, burros, barcos y personas caminando.

Ese lugar existe. Se llama Hidra, una isla del golfo Sarónico, muy cerca de la costa del Peloponeso. Su principal población se extiende alrededor del puerto, como un anfiteatro de casas de piedra que suben por las laderas.[1]

Una ciudad sin coches

En Hidra, los vehículos a motor están prohibidos en la vida cotidiana. Los desplazamientos se hacen principalmente a pie, mientras que los burros y las mulas siguen utilizándose para transportar cargas.[1][2]

Las calles son estrechas y muchas están formadas por escaleras. No fueron diseñadas para automóviles, porque durante siglos las personas tuvieron que adaptarse a un terreno rocoso y montañoso. Por eso, caminar por Hidra no es simplemente una forma de moverse. Es parte de la arquitectura de la isla.

El puerto es el corazón

La ciudad de Hidra se organiza alrededor de su puerto. Las casas se levantan en las pendientes que lo rodean, creando una especie de enorme anfiteatro de piedra.[1]

Muchas de las viviendas tradicionales tienen aspecto de pequeñas fortalezas. Sus muros de piedra, tejados y balcones forman un paisaje muy diferente al de las ciudades modernas.[1]

Cuando llegas por mar, la imagen resulta especialmente llamativa. Primero aparece el puerto. Después, las casas. Más arriba, las laderas rocosas. Y entre ellas, una red de caminos y escaleras por donde las personas llevan siglos desplazándose.

Una isla de marineros

Hidra no siempre fue conocida principalmente por sus artistas y visitantes. Durante el siglo XVIII, la isla prosperó gracias a su flota mercante. Sus familias de comerciantes y armadores acumularon riqueza y construyeron grandes casas de piedra alrededor del puerto.[1]

El mar era su gran carretera. Los barcos permitían transportar mercancías y conectar Hidra con otros lugares del Mediterráneo. Aquella tradición marítima también tendría importancia durante la Revolución griega de 1821, cuando las familias de la isla aportaron barcos y recursos a la lucha por la independencia de Grecia.[1]

Así se entiende mejor la ciudad que vemos hoy: Hidra creció mirando hacia el mar.

¿Y dónde están las carreteras?

Aquí aparece una de las cosas más curiosas. En muchas islas, el crecimiento del turismo ha provocado la construcción de carreteras, aparcamientos y nuevas zonas para vehículos. En Hidra, el paisaje urbano ha seguido otro camino.

El centro histórico conserva su estructura tradicional y las calles continúan siendo principalmente peatonales.[1] Para transportar objetos pesados se utilizan animales de carga. Para llegar a lugares de la costa se puede caminar o utilizar embarcaciones.[2][3] Incluso algunas playas solo son accesibles a pie, con animales de carga o por mar.[3]

La isla parece haber decidido que el automóvil no es imprescindible para vivir en una ciudad.

Una montaña escondida detrás del puerto

Hidra tampoco es completamente plana. El interior de la isla es montañoso y rocoso. Su cumbre más alta es el monte Eros, que alcanza unos 592 metros.[4]

Existen numerosas rutas de senderismo que atraviesan el paisaje. Algunas recorren zonas rocosas y otras pasan entre pinos, olivos, arbustos y plantas mediterráneas.[2] Por los caminos también pueden aparecer burros y mulas, además de cabras, gatos y numerosas especies de aves.[2]

Así que Hidra tiene dos caras muy diferentes: una ciudad construida alrededor del puerto y un interior natural que se descubre caminando.

La isla de los artistas

Durante el siglo XX, Hidra comenzó a atraer a artistas, escritores y músicos de Grecia y de otros países. Su arquitectura, su paisaje y su ausencia de tráfico ayudaron a crear una atmósfera que todavía atrae a creadores.[1] La isla ha estado relacionada con figuras como Pablo Picasso y Maria Callas.[1] Hoy existen museos, exposiciones y espacios dedicados al arte. Algunas antiguas casas se han convertido en lugares culturales, mientras que el antiguo matadero de Hidra alberga un espacio de arte contemporáneo.[5]

Es curioso: una isla que durante siglos vivió principalmente del mar terminó convirtiéndose también en un lugar de inspiración artística.

La ciudad imposible

Hidra demuestra que una ciudad no tiene que parecerse necesariamente a las demás. Aquí el automóvil no organiza las calles. El puerto funciona como puerta de entrada. Las escaleras sustituyen muchas carreteras. Los animales de carga todavía cumplen una función práctica y el mar continúa siendo una vía de comunicación.[1][2]

Por eso Hidra encaja perfectamente en la categoría Ciudad imposible. Porque ha decidido seguir otro camino, porque ha decidido mantenerse en lo antiguo, es imposible porque, en un mundo acostumbrado a coches, carreteras y aparcamientos, resulta sorprendente encontrar una ciudad habitada que funciona de otra manera.

Y quizá la pregunta más interesante que deja Hidra sea esta: ¿Como cambian las ciudades en donde sus calles fueron diseñadas primero para las personas cuando introducen los vehículos?

Fuentes:

  1. Historia marítima, arquitectura, ausencia de vehículos y vida urbana de Hydra — https://www.visitgreece.gr/en/islands/saronic/hydra
  2. Rutas, paisaje, transporte tradicional y naturaleza de Hydra — https://www.visitgreece.gr/en/experiences/nature/mountains/hiking-on-hydra
  3. Acceso a las playas y formas tradicionales de desplazamiento en Hydra — https://www.visitgreece.gr/en/experiences/culture/local-traditions/beaches-of-hydra
  4. Geografía, dimensiones, población histórica y monte Eros — https://www.hydra.gr/mobile/gr_climate.html
  5. Espacios artísticos y culturales contemporáneos de Hydra — https://www.visitgreece.gr/en/experiences/culture/cultural-venues/art-spaces-in-hydra

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