Meteora
Los monasterios que parecen flotar en el cielo
Imagina unas gigantescas columnas de roca que se elevan cientos de metros sobre un valle. Ahora imagina que, sobre algunas de ellas, hay monasterios construidos en lugares que parecen imposibles de alcanzar.
Ese lugar existe en el centro de Grecia y se llama Meteora. Su nombre procede del griego y significa algo parecido a «suspendido en el aire».[1] Aquí, la naturaleza y la arquitectura parecen haberse puesto de acuerdo para crear un paisaje que cuesta creer que sea real.
Las columnas del cielo
Meteora está formada por enormes masas de arenisca y conglomerado que se elevan sobre el valle del Peneo. Algunas de estas formaciones superan los 400 metros de altura.[1]
Pero las rocas no aparecieron de repente. Hace unos 60 millones de años, la zona estaba relacionada con grandes depósitos fluviales. Con el paso del tiempo, los movimientos de la Tierra, los terremotos, la lluvia y el viento fueron erosionando el terreno hasta dejar las enormes columnas que vemos hoy.[1] La naturaleza tardó millones de años en construirlas.
Mucho después, los seres humanos decidieron hacer algo todavía más sorprendente: construir monasterios encima de ellas.
Primero llegaron los ermitaños
Los primeros monjes y ermitaños comenzaron a instalarse en las cuevas y grietas de las rocas probablemente desde el siglo XI.[1] Buscaban lugares apartados donde pudieran vivir en silencio, rezar y alejarse de las ciudades y de los problemas del mundo.
Las cuevas eran perfectas para ese propósito. Algunas estaban situadas en lugares tan difíciles de alcanzar que ofrecían una soledad extraordinaria. Los monjes podían pasar largos periodos viviendo prácticamente aislados.
Con el tiempo, estas pequeñas comunidades fueron creciendo. Y entonces apareció una idea mucho más ambiciosa: construir monasterios sobre las propias cumbres.
Construir donde no había caminos
Durante el siglo XIV, la región de Tesalia atravesó una época de gran inestabilidad política. Los monasterios comenzaron a construirse sobre las cumbres más inaccesibles, buscando protección y aislamiento.[1]
La construcción debió de ser una auténtica aventura. No había carreteras que subieran hasta aquellas alturas. Los materiales tenían que ser transportados por caminos difíciles y, en algunos casos, elevados mediante sistemas de cuerdas, poleas y redes.
La propia UNESCO destaca que estos monasterios fueron construidos en condiciones extraordinariamente difíciles y sin caminos practicables.[1] Durante siglos, llegar hasta ellos fue casi tan difícil como construirlos.
Veinticuatro monasterios en las alturas
El gran desarrollo de Meteora se produjo entre los siglos XIV y XVI. Hacia finales del siglo XV había 24 monasterios en la zona.[1] Algunos fueron construidos directamente sobre las rocas. Otros se apoyaban en pequeñas plataformas naturales.
Desde el valle, debían parecer edificios suspendidos sobre el vacío. Y esa imagen terminó dando nombre a todo el lugar.
Subir era una aventura
Hoy existen escaleras y caminos que permiten visitar los monasterios. Pero durante siglos el acceso era muchísimo más complicado. Los visitantes podían ser elevados mediante redes y cuerdas, y también se utilizaban escaleras de madera.[2]
La UNESCO conserva incluso el recuerdo de una red utilizada para izar a los peregrinos junto a un precipicio de 373 metros en el monasterio de Varlaam.[1] Imagínate estar dentro de una red colgada de una cuerda mientras subes lentamente por una pared de roca.
El aislamiento formaba parte de la razón por la que aquellos lugares habían sido elegidos.
El monasterio que parece tocar el cielo
Uno de los más impresionantes es el Gran Meteoro, también llamado monasterio de la Transfiguración. Es el mayor de los monasterios de Meteora y se encuentra sobre una de las grandes formaciones rocosas.[1] Otro muy conocido es Varlaam, construido sobre una enorme roca y famoso por su arquitectura y sus pinturas.
Hoy solo cuatro monasterios siguen albergando comunidades religiosas: Gran Meteoro, Varlaam, la Santísima Trinidad y San Esteban.[1] Los demás desaparecieron o quedaron abandonados con el paso de los siglos.
Una galería de arte sobre el vacío
Los monasterios no solo sorprenden por dónde fueron construidos. En su interior conservan un extraordinario patrimonio artístico. Sus iglesias están decoradas con frescos, iconos y escenas religiosas. Algunas de las pinturas más importantes pertenecen al siglo XVI, cuando Meteora vivió una época de gran desarrollo artístico y religioso.[1]
Uno de los artistas más importantes fue Teófanes el Cretense, que pintó en el monasterio de San Nicolás Anapausas en 1527.[1] Sus obras forman parte de la evolución de la pintura posbizantina. Así que Meteora es también una especie de museo vertical: para llegar hasta algunas de sus obras de arte primero hay que subir por una montaña.
De la Grecia clásica a la Grecia bizantina
Meteora nos lleva a una Grecia muy diferente de la que vemos en la Acrópolis de Atenas. La Acrópolis pertenece principalmente al mundo de la Grecia clásica, con templos como el Partenón y una cultura asociada a la Atenas de la Antigüedad.
Meteora pertenece al renacimiento del mundo helénico: el periodo bizantino y posbizantino, profundamente relacionado con la tradición cristiana ortodoxa.[1] Sus monasterios hablan de una época de emperadores bizantinos, monjes, manuscritos, iconos y comunidades religiosas.
Una maravilla natural y humana
En 1988, Meteora fue inscrita en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO.[1] Es especialmente interesante porque combina valores naturales y culturales. Por un lado están las enormes formaciones rocosas creadas durante millones de años. Por otro, están los monasterios, las pinturas, la arquitectura y la tradición monástica que se desarrolló sobre ellas. La UNESCO considera que ambos elementos forman un conjunto excepcional.[1]
Los monasterios que parecen flotar
Meteora encaja perfectamente en la categoría Maravilla porque parece desafiar una regla básica de nuestro mundo: los edificios deberían construirse sobre lugares donde sea posible llegar. Aquí ocurrió lo contrario. Los monjes buscaron precisamente los lugares más difíciles de alcanzar porque querían soledad para poder estar más cerca de Dios.
Subieron a las rocas, construyeron allí sus comunidades y transformaron unas formaciones geológicas extraordinarias en un paisaje espiritual y artístico único. La naturaleza necesitó unos 60 millones de años para crear las rocas. Los seres humanos necesitaron siglos para convertirlas en un lugar donde pareciera que los monasterios flotaban en el cielo.
Fuentes:
- Historia, geología, monasterios, acceso, arte y reconocimiento de Meteora como Patrimonio Mundial — https://whc.unesco.org/es/list/455
- Historia del monacato, acceso tradicional a los monasterios y paisaje de Meteora — https://www.visitgreece.gr/en/experiences/religious-tourism/churches/meteora-the-most-photogenic-spiritual-monument-in-greece