Canal de Corinto

La herida que tardó 2.000 años en abrirse

Imagina que vas en el tren y ves una grieta recta en la tierra, en el fondo hay agua y por esa grieta navega un barco. No es un cañón natural. Es un canal construido por seres humanos.

El Canal de Corinto atraviesa el istmo que une la Grecia continental con el Peloponeso. Conecta el golfo de Corinto, hacia el oeste, con el golfo Sarónico, hacia el este, y permite que los barcos eviten rodear toda la península del Peloponeso.[1]

La idea parecía sencilla. Excavar un camino para el mar. El problema era que hacerlo resultó extraordinariamente difícil.

Un puente entre dos mares

El istmo de Corinto es una estrecha franja de tierra. Durante siglos, los barcos que querían pasar entre el oeste y el este de Grecia tenían que navegar alrededor del Peloponeso. Eso significaba recorrer una ruta mucho más larga y enfrentarse a aguas que podían ser peligrosas.[1] El canal solucionó el problema cortando directamente el istmo.

Hoy mide unos 6,34 kilómetros de longitud. Tiene aproximadamente 24,6 metros de anchura en la superficie y unos 21 metros en el fondo. Su profundidad ronda los 8 metros.[2]

Pero su característica más espectacular está arriba. Las paredes de roca pueden elevarse hasta unos 79 metros sobre el nivel del mar.[2] Cuando un barco entra en el canal, parece diminuto entre esas enormes paredes.

Una idea de hace más de 2.000 años

El sueño de abrir el istmo es muchísimo más antiguo que el canal actual. A finales del siglo VII antes de Cristo, el gobernante de Corinto, Periandro, intentó crear una conexión entre los dos golfos. El proyecto no llegó a terminarse.[3]

Más tarde, otros dirigentes también estudiaron la posibilidad. Demetrio Poliorcetes lo intentó en el siglo IV a. C. Los romanos también pensaron en hacerlo. Julio César y Calígula estuvieron relacionados con proyectos para atravesar el istmo.[3] Pero ninguno consiguió convertir la idea en realidad.

Mientras tanto, los griegos utilizaban una solución diferente: el diolkos, una antigua vía que permitía transportar barcos o mercancías por tierra a través del istmo. No era un canal, pero demostraba hasta qué punto era importante ahorrar la peligrosa vuelta alrededor del Peloponeso.[3]

Nerón llegó con una pala de oro

En el año 67 d. C., el emperador romano Nerón decidió intentar de nuevo la excavación.[3] Según las fuentes históricas conservadas por la administración del canal, Nerón inauguró las obras con una ceremonia y utilizó una herramienta de oro para comenzar simbólicamente la excavación.[3]

Miles de trabajadores participaron en el proyecto. Se abrieron zanjas y se excavó una parte considerable del recorrido. Pero el canal no llegó a completarse. Nerón tuvo que regresar a Roma debido a los problemas políticos del Imperio y, después de su muerte, las obras se abandonaron.[3]

Durante siglos, la enorme cicatriz excavada por los romanos permaneció como recuerdo de un proyecto que parecía imposible.

El sueño vuelve a empezar

Hubo otros intentos, pero ninguno consiguió terminar el canal. Finalmente, en el siglo XIX, la idea volvió a cobrar fuerza. Después de la apertura del Canal de Suez en 1869, la construcción de grandes canales marítimos demostró que proyectos de dimensiones extraordinarias podían hacerse realidad.[4]

En Grecia se impulsó entonces la excavación del istmo. Las obras modernas comenzaron en 1882. Ingenieros de distintos países participaron en el proyecto, entre ellos el húngaro Béla Gerster, encargado de estudiar el trazado.[4]

Se utilizaron nuevas técnicas de ingeniería y explosivos como la dinamita. Aun así, el proyecto sufrió problemas económicos y las obras se detuvieron durante un tiempo. Finalmente continuaron bajo una nueva compañía.

En 1893, el mar atravesó la tierra

Después de unos once años de trabajos, el canal fue inaugurado el 25 de julio de 1893.[4] La idea que había nacido más de dos milenios antes se había convertido finalmente en realidad. La inauguración fue un acontecimiento enorme para la Grecia de la época. El istmo había sido abierto. Dos mares quedaban conectados por una estrecha vía de agua artificial.

Era una demostración de algo que ya habían imaginado Periandro y Nerón muchos siglos antes: la ingeniería podía cambiar la geografía que encontraban los barcos.

La tierra también puede volver a cerrarlo

Construir el canal fue difícil. Mantenerlo abierto también lo ha sido. Las características geológicas de sus paredes han provocado desprendimientos de tierra y roca. En 1923, por ejemplo, un enorme desprendimiento de unos 41.000 metros cúbicos mantuvo el canal cerrado durante dos años.[2]

En 1944, durante la retirada alemana de Grecia en la Segunda Guerra Mundial, se produjeron explosiones que provocaron nuevos daños y unos 60.000 metros cúbicos de desprendimientos.[2] La reparación duró varios años.

La historia del canal demuestra así que excavar una montaña no significa que la montaña haya dejado de moverse.

Un canal que sigue vivo

El Canal de Corinto continúa teniendo uso marítimo y turístico. Según la información de la propia compañía del canal, recibe miles de tránsitos cada año, incluyendo barcos comerciales, cruceros, embarcaciones turísticas y yates.[5]

También tiene dos puentes sumergibles, situados en sus extremos, en Istmia y Poseidonia. Cuando un barco necesita pasar, el puente desciende bajo el agua y permite que la navegación continúe.[1] Es una escena curiosa: una carretera desaparece bajo el agua para dejar paso a un barco.

En 2026, después de importantes trabajos de restauración y estabilización de las laderas, el canal volvió a abrirse a la navegación el 17 de junio.[6]

Campeón mundial de la perseverancia

El Canal de Corinto podría tener un título especial: Campeón mundial de la perseverancia ya que la idea de construirlo necesitó más de 2.000 años para convertirse en realidad. Hubo muchos intentos de crearlo, Periandro o el emperador romano Nerón por ejemplo. Pero la roca ganó.

Durante siglos, el sueño quedó abandonado. Finalmente, en el siglo XIX, las obras modernas comenzaron en 1882 y, después de enormes dificultades, el canal fue inaugurado en 1893.[2] Eso significa que entre los primeros grandes intentos y la apertura del canal pasaron más de veinte siglos.

Pocas obras pueden contar una historia semejante: una idea imaginada en la Antigüedad, abandonada durante generaciones y finalmente construida cuando la tecnología permitió hacer realidad lo que durante siglos parecía imposible. El Canal de Corinto no solo cortó una montaña: también atravesó más de 2.000 años de historia.

Fuentes:

  1. Características del canal, conexión entre los dos golfos, dimensiones, puentes sumergibles y navegación — https://www.visitgreece.gr/en/experiences/nature/volcanoes/corinth-canal
  2. Dimensiones del canal, altura de las paredes, desprendimientos y cierres históricos — https://corinthcanal.com/the-canal/specifications/
  3. Historia de los proyectos de Periandro, Demetrio Poliorcetes, los emperadores romanos y Nerón — https://corinthcanal.com/the-canal/the-history-of-the-canal/
  4. Historia de la construcción moderna, obras iniciadas en 1882 e inauguración de 1893 — https://corinthcanal.com/wp-content/uploads/2026/04/AEDIK-EN-31-1-26.pdf
  5. Tránsitos comerciales y turísticos y actividad actual del Canal de Corinto — https://corinthcanal.com/wp-content/uploads/2026/04/AEDIK-EN-31-1-26.pdf
  6. Reapertura del Canal de Corinto a la navegación el 17 de junio de 2026 tras las obras de restauración — https://corinthcanal.com/corinth-canal-reopening-dear-partners/

Canal de Corinto: paises

Un país nuevo cada 10 días

Recíbelo antes que nadie

Cada 10 días, un país nuevo en tu email.
Gratis. Sin spam.

Próximo país Bandera de Francia Francia